La cencerrada era un ritual de paso realizado por los mozos de un lugar en el justo momento en el que un viudo y una viuda, o «dos viejos», contraían matrimonio y se unían para vivir juntos por segunda vez.
En muchas ocasiones las cencerradas fracasaban y no podía efectuarse debido a las medidas adoptadas por la autoridad competente. Algunos componentes de estos grupos encargados de efectuar la cencerrada eran detenidos por la autoridad municipal debido a las bromas exageradas que efectuaban.

Archivo Municipal de Murcia.
En otras circunstancias las cencerradas iban acompañadas de cantos y coplas alusivas al momento vivido. Las bromas y la imaginación llegaban a puntos desmedidos. En la plaza de Santa Eulalia, a finales de julio del año 1886, la prensa anunciaba una “infernal cencerrada” realizada por los mozos de la zona, en el que los cantos y las bromas fueron muy comentadas entre los vecinos del Barrio.

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Una de las cencerradas más sonadas fue la acontecida el 10 de mayo del año 1900, durante un largo espacio de tiempo en la calle Cánovas del Castillo se promovió una tremenda cencerrada debido a las segundas nupcias de un viudo residente en mencionada calle, muy cerca de la Iglesia del Barrio. Los que realizaron atroz acontecimiento le cantaron coplas indecentes y apedrearon su casa, provocando importantes daños materiales.
Texto y documentación:
Tomás García Martínez.
Locución:
Tomás García Martínez.
Fuente:
Diario de Murcia. 22 de julio de 1886, p. 3.
Diario de Murcia. 29 de julio de 1890, p. 3.
Las Provincias de Levante. 12 de junio de 1891, p. 2.
Heraldo de Murcia. 11 de mayo de 1900, p. 2.
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